Primer día en SIAL, Paris mon amour

¡Salvaje paliza la que arrastran mis pobres pies! Como Charlton Heston, yo os maldigo a todos vosotros zapatos estrechos que, como hoy, habéis maltratado mis pobres pinreles talla 45 durante horas sin fin. Desde la cama de la habitación del hotel los miro con desdén, y compruebo con satisfacción y malicia que lo que fueron zapatos esta mañana son ahora apenas un miserable montón de cuero humeante (soy vengativo). ¿Pero han merecido la pena las largas horas de pie, las idas y venidas cruzando los vestíbulos de SIAL, la feria parisina cuyos pabellones nos recuerdan a los madrileños que nuestro querido centro de exposiciones Juan Carlos I, Juanito, es en realidad menor de edad?

La respuesta es que sí, puedo decir que Santa Gadea ha salido a hombros del primer día en SIAL.

Al salir del hotel y desaparecer en la primera boca de metro he temido por mi vida, pues todavía recuerdo las desventuras suburbanas de SIALes pasados, con huelgas de transporte de por medio, croissants aplastados en vagones-matadero y densidades superiores al hombre y medio por decímetro cuadrado… pero no, esta vez es de justicia reconocer que todo ha ido como la seda: hemos llegado a Parc des Expositions a hora pronta y cargados de bártulos, y al poco ya estábamos montando el puesto junto a nuestros amigos de Experiencing Spain. Al término, merecido cafecito (muy bueno el café francés, tú), y cuando no iba ni por la mitad de mi brioche, ya ha empezado a llegar gente… y no ha parado hasta por la tarde.

Para los que hayáis ido de ferias, sabréis que (y no sólo las de alimentación) son un curioso hervidero de basca de todo color y pelaje, y SIAL todavía más: hoy ha sido un cóctel de rasgos, de hábitos, de ropas, de lenguas, y por supuesto, una explosión de paladares. Y los españoles nos hemos hecho con prácticamente un pabellón entero este año 2014, con que deleitar a las hordas hambrientas de nuestras potentes propuestas culinarias. Nuestro queso de cabra ecológico Santa Gadea estaba por ahí en medio de tanto oro líquido nuestro de toda la vida, de nuestros quesos quijotescos, pícaras longanizas y vinos cervantinos, y hoy ha llamado a la puerta de Japón y algún vecino europeo. ¿Os imagináis a Santa Gadea en el Lejano Oriente?

Pero mañana más.

http://www.santa-gadea.com

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